Lulú apaga la Luz

febrero 25, 2022 Artículos, Post

Apaga la luz

Cuando era pequeña vivía en una mágica isla del Caribe. Era mágica en más de un sentido, y también, de un modo muy peculiar, era circular económicamente hablando. Circunstancias muy especiales llevaron a esta isla a Repensar, Reusar, Reducir, Reacondicionar, Remanufacturar, Reconvertir, Reparar, Reciclar y Recuperar.

Corría el siglo XX y prácticamente cada uno de sus habitantes aplicábamos esas prácticas relacionadas a la Economía Circular, no pensando en la sostenibilidad ni en la sustentabilidad del planeta, sino actuando en aras de la subsistencia individual. Esto, debido a que el acceso a productos y servicios era restringido y limitado. Por eso se reutilizaban las bolsas una y otra vez, prácticamente todo se vendía a granel y cualquier cosa que se echaba a perder era reparada, se le daba un nuevo uso o se reutilizaban sus partes y piezas. Todo lo reinventábamos, de una u otra manera.

La regla es «Resolverlo todo»

Hoy, todavía se ven muchos autos de los años 50 circulando por las calles de Cuba. Y claro, cualquiera diría que hay una tienda de repuestos a la vuelta de cada esquina, pero no había y no hay. Ni a la vuelta de la esquina ni en ninguna parte. Sin embargo, la gente se las arreglaba, (y se las arregla aún) reparando, reinventado… y hasta han aportado una nueva “R”: Resolviendo, término local que se refiere al hecho de conseguir un producto o servicio de manera misteriosa y casi mágica.

Lulú apaga la luz

En este contexto de aprovechar los recursos al máximo recuerdo dos canciones de propaganda que sonaban en la televisión… Lulú, Lulú, apaga la luz. Esta canción pretendía impulsarnos a apagar las luces que no estábamos utilizando, para ahorrar energía. La segunda canción decía ahorrar energía para el desarrollo, ahorrar energía para el porvenir. En ese momento el sentido de estos llamados a ahorrar estaba dado por una suma de circunstancias a las que no me referiré, pero que nada tenían que ver con la consciencia del carácter finito de los recursos naturales.

Mi camino a la Circularidad


No sé si mis años en Cuba me llevaron por el camino de la circularidad, pero sin duda me enseñaron mucho. Hoy sé que es posible vivir con menos; hoy sé que es posible hacer las cosas de otra manera. No digo que ser circular signifique no tener acceso a productos. Podemos disponer de toda la variedad que ofrece el mercado, pero son las elecciones que hacemos cada día, como consumidores conscientes, las que harán la diferencia.
Así pues, aunque parezca nimio, si hacemos como Lulú y apagamos la luz que no estamos usando, si vamos un pasito más allá y, por ejemplo, al ir de compras optamos por comprarle a empresas con prácticas sustentables, estaremos contribuyendo a que mi hija, tu hijo, puedan elegir por prácticas circulares en lugar de verse en la obligación de hacerlo en un futuro no muy lejano.

Escrito por:
Camila Carrasco Ruiz
Ingeniera Comercial, Socia Fundadora Aporto Consultoría

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